miércoles, 16 de noviembre de 2016

Organismos multilaterales

Para hablar de Organismos Multilaterales, tomaremos en consideración el informe especial del centro Desarrollando Ideas titulado El rol de los organismos multilaterales en el desarrollo económico y social de América Latina. Este informe del año 2015 da una perspectiva histórica interesante sobre el papel que han tenido los organismos multilaterales en América Latina y su relación con el desarrollo.

Pero antes ¿qué son los organismos multilaterales?

Estos son, a grandes rasgos, el conjunto de instituciones internacionales de base gubernamental constituidas por tres o más países cuyas actividades están fundamentalmente dirigidas a promover el desarrollo de los países que las conforman. Algunos de estos organismos son la ONU, UNASUR, CAF, MERCOSUR, entre otros como los que se encuentra aquí

Ahora bien, compartimos un resumen del informe mencionado donde está señalado el papel de algunos organismos multilaterales en cuanto al desarrollo en América Latina. Para ampliar la información, este enlace lleva al informe completo.

INTRODUCCIÓN
La propuesta de este informe es poner de manifiesto las apor­taciones realizadas por los organismos internacionales median­te la cooperación económica internacional al desarrollo. Para evaluar las aportaciones de estos organismos se aplicará una visión amplia que contemple diferentes factores. Por un lado, el concepto de desarrollo adoptado por los actores donantes y, por otro, la realidad de los países receptores, en particular en América Latina. La consideración de ambos factores nos permi­tirá realizar un balance sobre las aportaciones de la cooperación internacional en la región, sus errores y limitaciones, y la supera­ción de las mismas. Este ejercicio de análisis es importante en la medida en que es indudable la importancia, como instrumento al desarrollo, que posee la cooperación internacional. De acuerdo, precisamente, a dicha importancia, no deja de ser preocupante la marginación de América Latina de los flujos de la cooperación en las últimas décadas. Si bien todo indica que se inaugura una nueva etapa, en la que la región podrá contar con el apoyo de estos organismos. En este sentido, la reformulación del concepto de desarrollo y, en consecuencia, de las agendas de cooperación lo ha hecho posible.
A través de la evolución del mismo concepto de desarrollo, que han ido adoptando estos organismos, será posible entender su actuación, la motivación de sus esfuerzos y, sin duda, la eficien­cia de sus actuaciones. El fracaso inicial al pretender implantar el modelo de desarrollo europeo, en otras realidades, obligó a replantearse cuáles eran los elementos que garantizaban el de­sarrollo. Ni la existencia de recursos, ni su inversión significa, de manera mecánica, desarrollo. Tampoco garantiza tal desarrollo el crecimiento económico, pues éste no necesariamente garantiza la erradicación de la desigualdad o, en un sentido más amplio, la calidad de vida de las personas, aspectos fundamentales tam­bién del desarrollo. Esta es una experiencia que conoce muy bien América Latina.
Las lecciones aprendidas y el debate que va reformulando el concepto de desarrollo, desde mediados de siglo XX, ha ido com­plejizando el mismo concepto, así como la multitud y variedad de criterios cuantitativos y cualitativos que lo componen. Los debates en torno a esta cuestión no están cerrados, ni, por ello, el concepto de desarrollo, pues se sigue reformulando, como así está ocurriendo en la actualidad.
La propia región latinoamericana ha reclamado un nuevo con­cepto de desarrollo basado en un concepto más amplio y com­plejo. El principal problema es que, bajo definiciones restrictivas, se ignoran graves problemas estructurales que afectan a la región latinoamericana y que, en la medida en que no están contemplados en dicha definición, dejan de ser foco de atención para los organismos de cooperación.
El año 2015 ha sido particular­mente decisivo para la región en materia de cooperación. Se alcanza el plazo estableci­do por Nacionales Unidas, de acuerdo a los objetivos del Mi­lenio, para erradicar la pobreza en el mundo. Este plazo ha proporcionado la oportunidad de reformular nuevamente el concepto de desarrollo, basado en el “progreso multidimen­sional”, tras comprobar las limitaciones y exclusiones a las que ha dado lugar la adop­ción de un concepto restricti­vo de desarrollo. Esta visión multidimensional proporciona la posibilidad de contemplar más brechas estructurales, que afectan a los países de renta media, como es el caso de la mayoría de los países de Amé­rica Latina, y no solo baja.
En esta evolución es interesan­te contemplar la capacidad de adaptación y cambios de estos organismos ante las diferentes coyunturas económicas. Desde 2013, se ha iniciado un proceso de ralentización económica que está afectando de manera directa y plena a América La­tina. Las predicciones sobre el cambio de ciclo auguran serias dificultades en las economías latinoamericanas, de no adop­tarse determinadas medidas y estrategias que reformulen el modelo de desarrollo de la región. Ante este cambio de co­yuntura, se propone examinar cuál esta siendo la reacción de los organismos internacionales de cooperación y cuáles son sus propuestas, como referen­cia para constatar su contribu­ción al progreso de la región.

LAS PRINCIPALES ORGANIZACIO­NES DE COOPERACIÓN AL DESA­RROLLO EN AMÉRICA LATINA


En este informe se contemplará la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), constituida, según el Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), por los flujos de las agencias oficiales, incluidos los gobiernos estatales y locales, o sus agencias ejecu­tivas. Estas ayudas se destinan a los países en desarrollo y a las instituciones multilaterales y, en cada operación, satisfacen las siguientes condiciones: a) tienen como principal objetivo la promoción del desarrollo económico y el bienestar de los países en desarrollo y b) son de carácter concesional y contie­nen un elemento de donación de, al menos, el 25%.

Este tipo de cooperación puede realizarse, además, de manera bi­lateral o multilateral. La primera hace referencia a la realizada por gobiernos y son donaciones o créditos destinados a los gobier­nos de países receptores o a las ONG,s. Por su parte, la ayuda multilateral se lleva a cabo por organismos internacionales, a través de sus propios programas y proyectos de cooperación. En esta última forma de coopera­ción centraremos el análisis.

Las principales organizaciones multilaterales que actúan en América Latina se caracterizan por su poco peso frente a la ayu­da bilateral, sin alcanzar el 20% del total.

Los principales donantes son la Comisión Europea con casi 500 millones de dólares y, bastante más lejos, se encuentra la ayuda financiera del Banco Mundial (BM), con 271 millones, y del Ban­co Interamericano de Desarrollo (BID), con 258 millones de dóla­res. Fuera del grupo de los diez principales donantes se encuen­tra el Banco de Desarrollo del Ca­ribe y las agencias del sistema de Naciones Unidas. Sin embargo, si consideramos los montantes de Financiación Oficial al Desarro­llo (FOD), los préstamos del BM y de los Bancos regionales repre­sentaron, entre 1991 y 2002, el 17% y el 72% respectivamente de los recursos multilaterales para los países de América Latina y el Ca­ribe. En la sub-región andina, la Corporación Andina de Fomento (CAF) supera al BM y al BID. En el caso de este último, dedicado en exclusiva a la ayuda financie­ra a la región, entre 1994 y 2001, los préstamos para la reducción de la pobreza y la promoción de la equidad representaron el 44 % del total de sus créditos.

LA ERRADICACIÓN DE LA POBREZA COMO PRIO­RIDAD DE LA COOPERA­CIÓN Y SUS IMPLICACIO­NES EN AMÉRICA LATINA

Si atendemos a la fórmula desarrollista, como ya se ha podido comprobar, el creci­miento económico no ha signifi­cado disminución de la pobreza y de la desigualdad y, en América Latina, la aplicación de estas estrategias de desarrollo tampo­co tuvieron grandes resultados, pues no se resolvió la desigual­dad, principal reto que aún hoy debe resolver la región.

En este sentido, la evolución ex­perimentada hacia un concepto de desarrollo, basado en las per­sonas y de acuerdo a una pers­pectiva multidimensional, sólo podría beneficiar a la región, pues permitiría poner en evidencia sus problemas estructurales. Sin embargo, si observamos los datos en relación a las aportaciones de la cooperación internacional en los últimos años es evidente el descenso experimentado.

CONFIGURACIÓN DE UNA NUE­VA AGENDA QUE BENEFICIA A AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

“No basta con más crecimiento económico para seguir reducien­do la pobreza y la desigualdad en América Latina y el Caribe”. Este fue un mensaje del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en la primera Reunión del Consejo Asesor del Informe Regional de Desarrollo Humano 2016 sobre Progreso Multidimensional, que reunió más de 20 autoridades entre mi­nistros, senadores, académicos y los líderes de las principales organizaciones multilaterales de la región. “Está claro que “más de lo mismo” en crecimiento –y en políticas públicas– ya no rinde más de lo mismo en reducción de pobreza y desigualdad,” dijo la subsecretaria general de la ONU y directora del PNUD para Amé­rica Latina y el Caribe, Jessica Faieta, en este foro. Ahondando en este planteamiento también declaró que “Un mayor creci­miento económico no conduce necesariamente a generar un mayor progreso social: tenemos que tener políticas diferentes, también en un momento en que se agotan los recursos fiscales para expandir las redes de pro­tección social.

Bajo esta reformulación de la agenda de desarrollo, el PNUD prepara su Informe de Desarro­llo Humano para América Latina y el Caribe 2016 sobre Progreso Multidimensional, que también incluirá recomendaciones de políticas públicas que refle­jen la nueva agenda global de desarrollo, con los Objetivos de Desarrollo Sostenible lanzados en septiembre de 2015 durante la Asamblea General de la ONU en Nueva York. Sin duda, la nueva agenda que se configura, de acuerdo al nuevo enfoque planteado, incluirá a los países de renta media. Cabe esperar, por tanto, un aumento de los flujos de cooperación en la región latinoamericana.

La región se encuentra ante un gran reto, pues debe evitar el retroceso de los avances logrados, en un momento de dificultades. En este contexto la posibilidad de contar con la cooperación internacional, sin duda, será un apoyo fundamental para lograr este objetivo.

1 comentario:

  1. Organismos multilaterales
    Los organismos multilaterales juegan un papel fundamental en las relaciones internacionales para alcanzar distintos objetivos supranacionales como lo son principalmente la cooperación internacional, el apoyo al desarrollo de los países –en términos económicos principalmente- y fomentar la paz.
    Por lo tanto, teniendo esto en consideración, podría compartir la visión expresada en el artículo del blog, es decir, creo que es verdaderamente importante el papel que tienen los organismos multilaterales en el desarrollo de América Latina, ya que, como región, a lo largo de la historia hemos tenido la tendencia a estrechar las relaciones internacionales y suscribir tratados y convenios pertenecientes a estos organismos.
    En cuanto al desarrollo de las naciones, los organismos multilaterales, lo han concebido de manera algo economicista, considerando la enorme prevalencia de prestación de fondos a los países que tengan necesidades económicas y sociales que atender. Sin embargo, no todas estas ayudas han sido efectivas en cuanto al desarrollo de la región de forma más o menos homogénea, ya que, persisten las desigualdades en América Latina, hay países que han logrado un crecimiento económico y una inserción al mercado internacional verdaderamente significativa gracias, en gran medida, al apoyo de los organismos internacionales; no obstante, esto no se ve reflejado en toda la población.
    Por lo tanto ¿se está logrando un verdadero desarrollo? Si pensamos en el enfoque del desarrollo humano, nos falta mucho por construir como región. Para ello, es necesario que los organismos multilaterales se comprometan más allá del discurso, a tomar acciones que fomenten el desarrollo humano, considerando la complejidad de las distintas realidades sociales que viven los países para llevar a cabo las políticas y los acuerdos pertinentes y que esto no sea solo la prestación de dinero sin una reflexión y planificación profunda sobre qué hacer con ese recurso monetario.
    Por supuesto, esto no debería ser tarea exclusiva de los organismos multilaterales, sino que los gobiernos internos deben preocuparse por ello, dejar atrás las perspectivas de desarrollo desfasadas que solo tienen en cuenta el crecimiento económico y dejan en una posición de invisibilidad a los grupos pobres, vulnerables y excluidos al margen de los beneficios del desarrollo.
    Además, entendiendo que las naciones son autónomas, libres y soberanas, pienso que, los organismos multilaterales también deberían cumplir una función supervisora más firme que la que mantienen hasta ahora en la cual no prevalezcan los intereses de los sectores poderosos de la sociedad en menoscabo de los derechos del colectivo sino que verdaderamente se den sanciones cuando sean necesarias para hablar de cooperativismo real y no de simples acuerdos con las esferas políticas y económicas poderosas ignorando las necesidades y vulnerabilidad de una buena parte de las poblaciones.

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