miércoles, 16 de noviembre de 2016

Militarismo

Para hablar de militarismo, decidimos tomar el artículo de Rafael Marrón González, títulado La Plaga del Militarismo en Venezuela, como su título lo expresa, señala históricamente al militarismo como un factor negativo para los gobiernos democráticos, haciendo énfasis en el caso venezolano. Veamos que tiene por decir:

Una de las secuelas de las 22 revoluciones que ha tenido Venezuela, desde la Independencia hasta el golpista Hugo Chávez, ha sido que la condición militarista, que es una deformación del sentido de autoridad, afecta más a los civiles que a los militares. Por eso le fue tan sencillo a Chávez que el pueblo llano lo adoptara ingenuamente como “mi comandante”.
Se percibe erróneamente que el plan de machete es más eficaz que las leyes, por eso López Contreras crea la Guardia Nacional, en sustitución de la Sagrada de Gómez, una institución militarizada para control del orden público. Por lo tanto, para resolver problemas, hasta de conducta de la población, hay que “izar lo militar”, frente a civilizar, que es “izar lo civil”. Es decir, imponer la estructura jerárquica del orden y la disciplina, inherentes e indispensables a lo militar, a la sociedad civil estructurada por la lucidez y la coherencia. Es tan antigua esta irregularidad psíquica, que es conocido el insulto de considerar a Venezuela un cuartel y a Colombia una universidad.
Y es un grave insulto, pues la experiencia que recoge la historia de la humanidad sobre los sistemas de gobierno militarizado ha sido nefasta. Todos, sin una sola excepción, tanto de derecha como de izquierda, han producido despotismos sangrientos injustificables. Los dantescos casos de Pinochet en Chile, pasando por el gorilato argentino, donde los militares, en el colmo de la abyección, entrenaban perros para violar prisioneras, y la satrapía corrupta y criminal de Fidel en Cuba, son emblemáticos. Gobernantes violadores de los derechos humanos amparados en la fuerza de un ejército degradado en torturador, corrupto y homicida y en la sumisión obsecuente del “Poder Judicial”.
Máculas para la humanidad, como lo son Stalin, Hitler, Pol Pot, Mao, Franco, Juan Vicente Gómez o Fidel, y Hugo Chávez o Pérez Jiménez, a quien la estupidez atribuye ejemplaridad por la infraestructura caraqueña que lo hizo multimillonario con las comisiones. Más edificó, proporcionalmente, Guzmán Blanco y robó menos. Es necesario puntualizar, además, que el militarismo es consustancial al socialismo real, pues ningún hombre libre resigna los derechos que este error intelectual confisca, sino es por la inmensa fuerza disuasiva del terrorismo militar. Como estamos viendo.
Antídoto democrático
La democracia ha sido secularmente el antídoto contra esta enfermedad del cuerpo social universal. Recordemos el caso de Hitler para no reducirlo solo a nuestro país. Pero si la democracia no forma demócratas, como se obvió hacer en Venezuela durante los 40 años de su ejercicio, la virulencia de la enfermedad dominará la débil estructura moral del pueblo, que culpa a la democracia de sus sufrimientos porque no está debidamente formado para situar la culpa en los gobiernos de la democracia que él mismo elige por sus emociones. Lo que sí puedo asegurar es que los fines del militarismo culminan a la muerte de su promotor, como lo demostró España a la muerte de Franco, o Rusia a la del comunismo, cuya sociedad, como un resorte comprimido, saltó por los aires destruyendo el mito del “hombre nuevo” creado por la negación de la realidad del individuo como potencia soberana. Y así, júrelo usted, sucederá en Cuba en lo que desaparezcan los hermanos Castro y su represivo aparato terrorista.
La Venezuela republicana es civil y civilista
Fueron civiles los que conformaron aquellas gestas primigenias del 19 de abril y del 5 de julio. Es incierto que la república cuya Fe de vida es el Acta de la Independencia, primera de América Latina, fue creada por militares. Fueron civiles que tuvieron que empuñar las armas por imperativo histórico y asumir la estructura militar para la guerra. Cuando los revolucionarios del 19 de abril destituyen a Emparan conforman el primer gobierno, que se constituyó el 25 de abril de 1810, con 23 miembros, entre los que se contaban en su mayoría abogados, comerciantes, hacendados. Y civil fue el Congreso de 1811 y los pocos militares que participaron lo eran por titularidad honorífica, como fue el caso del marqués del Toro y su hermano. Y la Venezuela de hoy nace en 1830 bajo la égida civilista de Páez cuya primera Constitución eliminó el fuero a los militares, estando los libertadores en plena posesión de su inmenso prestigio militar y el pueblo acostumbrado a obedecer a la violencia de la fuerza. Páez, además, pidió al Congreso Constituyente que incorporara a la Constitución un artículo que prohibiera expresamente al Presidente disolver el Congreso.
El civil gobierno de Páez
Páez en sus primeros nueve años de gobierno, 1831-1835 y 1839-1843, porque sus dos años de dictador, 1861-1863, enfrentando la Guerra Federal, fueron traumáticos y lesionó su historia, se rodeó de las mentes más lúcidas del universo civil y se destacó por deliberar con la sociedad antes de tomar decisiones de Estado.
Fue el primer presidente militar en traspasar el poder a un civil, José María Vargas, que derrotó a Carlos Soublette. Combatió y venció a los militaristas Santiago Mariño y Pedro Carujo, alzados contra el orden constitucional, y por la defensa del orden civil de la república se le concedió el título de “Ciudadano Esclarecido”.
Páez debe ser exaltado como el primer militar civilista de la Venezuela post independencia, aunque Bolívar y Sucre también lo fueron, como reconocimiento a ello, la efigie de Sucre en la entrada de la Unexpo en Puerto Ordaz, obra del escultor Luís Bellorín, está de civil. Luego de la renuncia de Vargas, el primer civil presidente de esta Venezuela, terminan interinamente su período dos militares, José María Carreño, militarista, y Carlos Soublette, de estirpe civilista, a quien Páez entregara el poder para el período 1843-1847, y que no dudó en acompañarlo a defender la integridad del Congreso de la República asaltado por la horda criminal de José Tadeo Monagas el 24 de enero de 1848.
El ejemplo civilista de José Francisco Bermúdez
El general en Jefe José Francisco Bermúdez dirigió una correspondencia al Congreso Nacional, el 30 de abril de 1830, exigiendo su licencia absoluta para retirarse a la vida privada. En ella como expresión de civilidad, manifiesta:
... Durante la revolución he mandado como Jefe, y no se me oculta Sr. que los ciudadanos a quienes como soldados he conducido muchas veces a la victoria, pueden estar dispuestos a turbar la paz pública por instigaciones mías si por desgracia tales llegasen a ser mis ideas, porque según dijo un sabio, nada es más fácil que el que un pueblo no tenga todo el valor necesario para negar su cerviz a un yugo presentado por aquel que agregue a la autoridad de su destino o condecoraciones, la que la admiración y gratitud le granjean. Además Sr. Venezuela acaba de dar la última prueba de su amor a la libertad. Ella solicita instituciones verdaderamente republicanas, y yo que me he identificado de corazón con tan bellos sentimientos, quiero dar a ella y al mundo entero el testimonio más auténtico de esta verdad, y ninguno más digno ni más poderoso que el de solicitar como solicito mi entero desprendimiento de la carrera de las armas que abracé por la absoluta necesidad en que estábamos de lanzar de la patria a nuestros opresores. Cesó la época del soldado. Llegó la más feliz y la más gloriosa que podíamos apetecer. Ella es aquella en que no reinan sino las leyes, cuya regla universal lejos de ser un yugo para los ciudadanos, es una fuerza que le protege y le pone a cubierto de los tiros de la arbitrariedad, y una vigilancia que a la vez que afianza su tranquilidad, asegura todas las demás garantías sociales...”.
Esta correspondencia fue respondida con admiración por el Congreso, que entre otras consideraciones le expresa: “...El Congreso (...) no puede menos que acoger y aplaudir como virtud para Venezuela sus generosos sentimientos. Ella un día venturoso y feliz recordará con gloria el nombre de un hijo ilustre que si fue el primero en tomar las armas para dar la vida en los campos de batalla también fue el primero en dejarlas para no amenazar con su ominoso influjo la libertad naciente, fruto sin el cual inútil es la independencia, inútiles los sacrificios, inútiles las victorias, inútiles en fin tantos títulos que en veinte años han adquirido los guerreros a la gratitud de sus conciudadanos y a las consideraciones de la patria. Yo pues en nombre del Congreso de Venezuela felicito a V.E. porque su representación es un síntoma de que se aproxima el día de la ley, y le doy las más expresivas gracias por sus sentimientos de respeto hacia este Cuerpo áncora de la libertad de nuestro país. Atento servidor: Francisco Javier Yanes”. Bermúdez pretendió dar una lección a los libertadores militaristas que se disputaban el poder en Venezuela, indicándoles con su renuncia que la hora de los civiles había llegado.
El militarismo comienza con José Tadeo Monagas
El militarismo en forma comienza con José Tadeo Monagas, aunque Santiago Mariño y Pedro Carujo, con su Revolución de las reformas, hayan sido los primeros en establecer teóricamente la supremacía del prestigio militar sobre las virtudes civiles, al escribir en El Republicano, en 1834:
“No son las leyes las que consolidan los gobiernos, sino los hombres de ascendiente y de prestigio, que haciendo respetar las nuevas formas gubernativas aseguran la marcha política de la sociedades. En la infancia de los gobiernos todo es inferior al ascendiente que toman algunos hombres sobre el resto de sus conciudadanos, y esta es la razón porque en los estados nacientes los prefieren siempre para los altos destinos políticos. ¿Cómo pretende ‘El Constitucional’ (diario civilista) hacer asaltar al señor Vargas la silla presidencial de Venezuela? ¿Qué ascendiente tiene este apreciable médico sobre los venezolanos para sujetarlos al orden, y asegurar a la República su apetecida tranquilidad? ¿Con qué fuerzas cuenta el doctor Vargas para contener los disturbios atizados por el ministerio cesante, y que han alterado ya la paz de algunas provincias de la República?”.
Al perder las elecciones intentan, con el derrocamiento de Vargas, la imposición de esa férrea forma de gobierno que conculca las libertades civiles y políticas en nombre del orden y la disciplina propia de la vida cuartelaria.
José Tadeo Monagas se levanta en armas con el pretexto de restaurar la Gran Colombia, pero la realidad era que pretendió crear otra república en el Oriente del país. Páez sofoca la rebelión, pero para pacificar al caudillo oriental y contribuir a la paz de la nación, lo promueve como candidato para la presidencia de la república.
José Tadeo gana las elecciones con los votos de los paecistas, rompe con Páez y da comienzo a la larga saga de militaristas que, de revolución en revolución, exacerbado con el triunfo de la Federación, cubriría con breves interregnos civiles -la mayoría títeres de algún caudillo- de 1847 a 1945, de 1948 a 1958, y de 1999 hasta quien sabe cuándo -Maduro posee jerarquía militar- si no se activa una Asamblea Constituyente que restituya el Estado democrático desmontado por el bandidaje del Estado consorciado y su democracia técnica.
Es hora del bronce para los civiles

Los mitos heroicos han gravitado ya por demasiado tiempo sobre nuestra realidad histórica, ningún país alcanza a Venezuela en su culto al heroísmo militar, y los redactores de los textos escolares se han negado a contar los hechos con precisión documental. No cuentan, por ejemplo, que sin el levantamiento de Rafael del Riego en Cádiz, el 1 de enero de 1820, que venía a Venezuela con veinte mil hombres, nuestra historia sería otra. Pero no hay monumentos para aquel héroe, cuyo sacrificio -fue ahorcado- logró que el exiguo ejército libertador triunfara en Carabobo un año después. Como hay muy pocos para el mérito civil, que ha contribuido grandemente al progreso humano de la patria. Pido un bronce para cada maestro de este país inhóspito para el desarrollo de la inteligencia.

5 comentarios:

  1. A pesar de que el negocio de las armas y de la guerra, campo ideal para los militares y el militarismo, sigue siendo uno de los más lucrativos y la base de la economía de muchos países (EEUU por ejemplo, donde un gran porcentaje de los impuestos son reinvertidos en "seguridad nacional"), el militarismo ha pasado a funcionar por debajo de la mesa y sin mucho protagonismo político aparente en casi todo el mundo, a excepción de países africanos y orientales extremistas, y por supuesto, en nuestra compleja Latinoamérica, donde sobresalen los ejemplos de Cuba y Venezuela. No se trata de que un militar sea presidente de la república, de hecho, el presidente de la república es el Comandante en Jefe de las fuerzas armadas nacionales según la CRBV, lo cual claramente subordina a la fuerza militar a las órdenes de la fuerza civil.
    Se evidencia más evidentemente cuando un presidente de la república cede espacios de poder a actores militares, cargos públicos, empresas públicas, programas sociales, tal y como ha venido siendo en Venezuela durante las últimas dos décadas hasta nuestros días, donde más de la mitad de los gobernadores regionales y un gran porcentaje de alcaldes, ministros y viceministros vienen de las fuerzas armadas. Además el militarismo se evidencia en una sociedad cuando los matices de lo militar sobresalen y opacan lo civil, por ejemplo con el lenguaje de órdenes, subordinación y confrontación, las jerarquías, y la coerción.
    Resulta peligroso permitir que el militarismo se extienda e invada todos los ámbitos de una sociedad debido a que la función del sector militar de un país es la seguridad nacional, no el hacer gobierno. Y es que los militares no son capacitados para ejercer funciones de gerencia, planificación y control de políticas públicas en ningún sentido, por tanto sus acciones tienen altas posibilidades de ser poco pertinentes y de fracasar, como vemos en Venezuela, lo que ocurre con cada sector que se les cede a los uniformados para que ejerzan su control: las fronteras, los alimentos, las medicinas; parece que todo lo que tocan lo destruyen. ¿Qué clase de buena gerencia se ejerce a través de la sumisión a la jerarquía, la coerción y la poca capacidad de dialogar con los oponentes? ¿Qué capacidad de diálogo y negociación existe entre un oficial y un sub alterno? Los militares no están entrenados para dialogar, me atrevería a decir que ni siquiera para pensar, solo obedecer.
    Ya superado en Brasil, Argentina, Chile, y casi todas las naciones sudamericanas, Venezuela ha recaído, luego de Pérez Jiménez, los civiles han vuelto a ser opacados por las insignias brillantes de los militares. Opacados por las insignias y por sus actitudes prepotentes, carismáticas, irreverentes y corruptas. Ya será hora de que comencemos de nuevo a reconstruir el país a partir de los valores civiles de la libertad, y aunque pasará mucho tiempo para desarraigar el gen militarista de nuestra sociedad, y las malas prácticas que han promovido, el civismo resurgirá y con ello también la democracia y la sana convivencia en nuestra nación.

    ResponderEliminar
  2. En el mundo, los militares siempre han tenido un papel importante y protagónico en cuanto al detentar el poder, poder que ha solido ejercerse de forma violenta y autoritaria en la mayoría de los casos, trasladando el aprendizaje militar al espacio de gobierno con la mano dura y rigidez que el estudio militar tiene como característica fundamental.
    Es por ello que un gran parte de los gobiernos autoritarios y dictatoriales a nivel mundial, han sido liderados por un estandarte militar; América Latina tiene una amplia historia de dictaduras militares férreas y represivas y, por supuesto, Venezuela forma parte de esa historia. Como país hemos sufrido de ciertos momentos de poderío militar los cuales no ha tenido los mejores resultados.
    En la actualidad y desde que toma por primera vez la presidencia el ex presidente Chávez, el sector militar se ha ido saliendo cada vez más de los cuartes y arropando los distintos espacios de la sociedad con el pretexto de estrechar los lazos cívico-militares para una relación armónica entre estos dos y un desarrollo óptimo de la mano de estrategias de planificación militar aplicadas en el ámbito social.
    Bajo esta premisa, las reservas militares del país han ido en aumento exacerbado, obteniendo cada vez nuevos militares, mayor poder armamentístico y mucha más presencia de estos militares en distintos sectores de la vida del venezolano. En estos momentos los militares participan en programas sociales, en sectores como el de salud, alimenticio y minero –por nombrar algunos- con el objetivo de mejorar la forma como se llevan a cabo estos y utilizar el pensamiento estratégico militar en estos espacios.
    Ahora bien, en teoría esto se supone que debería funcionar, pues fue concebido con propósitos aparentemente beneficiosos; sin embargo, si observamos la realidad concreta dejando de lado los discursos oficiales sobre los grandiosos logros de la intervención militar ¿realmente ha funcionado?
    Puedo afirmar que definitivamente no, esto no ha funcionado sino todo lo contrario, los sectores inundados de militares solo han demostrado incompetencia, malos resultados, pésima gestión y corrupción; hemos fortalecido y reproducido un sistema militar lleno de ciudadanos uniformados colmados de privilegios innecesarios y con una educación que exalta la coerción, jerarquización, desigualdades y segregación social por motivos político partidista, donde esto toma más importancia que el tan aclamado bienestar social equitativo e inclusivo.
    Por lo tanto, sin ánimos de caer en opiniones extremadamente subjetivas y pasionales, considero que, en Venezuela, necesitamos con urgencia acabar con la injerencia militar en las esferas sociales donde no tienen pertinencia, basta de reproducir y respaldar corrupciones y soportar atropellos de todo tipo de parte de un actor social que debería estar para lo contrario, el salvaguardar y proteger a los ciudadanos no controlarlos, robarlos y seguir contribuyendo a este estado de crisis, miedo y desconfianza hacia todo lo que emane de las instancias oficiales de gobierno.

    ResponderEliminar