Para hablar de militarismo, decidimos tomar el artículo de Rafael Marrón González, títulado La Plaga del Militarismo en Venezuela, como su título lo expresa, señala históricamente al militarismo como un factor negativo para los gobiernos democráticos, haciendo énfasis en el caso venezolano. Veamos que tiene por decir:
Una
de las secuelas de las 22 revoluciones que ha tenido Venezuela, desde la
Independencia hasta el golpista Hugo Chávez, ha sido que la condición
militarista, que es una deformación del sentido de autoridad, afecta más a los
civiles que a los militares. Por eso le fue tan sencillo a Chávez que el pueblo
llano lo adoptara ingenuamente como “mi comandante”.
Se
percibe erróneamente que el plan de machete es más eficaz que las leyes, por
eso López Contreras crea la Guardia Nacional, en sustitución de la Sagrada de
Gómez, una institución militarizada para control del orden público. Por lo
tanto, para resolver problemas, hasta de conducta de la población, hay que
“izar lo militar”, frente a civilizar, que es “izar lo civil”. Es decir,
imponer la estructura jerárquica del orden y la disciplina, inherentes e
indispensables a lo militar, a la sociedad civil estructurada por la lucidez y
la coherencia. Es tan antigua esta irregularidad psíquica, que es conocido el
insulto de considerar a Venezuela un cuartel y a Colombia una universidad.
Y
es un grave insulto, pues la experiencia que recoge la historia de la humanidad
sobre los sistemas de gobierno militarizado ha sido nefasta. Todos, sin una
sola excepción, tanto de derecha como de izquierda, han producido despotismos
sangrientos injustificables. Los dantescos casos de Pinochet en Chile, pasando
por el gorilato argentino, donde los militares, en el colmo de la abyección,
entrenaban perros para violar prisioneras, y la satrapía corrupta y criminal de
Fidel en Cuba, son emblemáticos. Gobernantes violadores de los derechos humanos
amparados en la fuerza de un ejército degradado en torturador, corrupto y
homicida y en la sumisión obsecuente del “Poder Judicial”.
Máculas
para la humanidad, como lo son Stalin, Hitler, Pol Pot, Mao, Franco, Juan
Vicente Gómez o Fidel, y Hugo Chávez o Pérez Jiménez, a quien la estupidez
atribuye ejemplaridad por la infraestructura caraqueña que lo hizo
multimillonario con las comisiones. Más edificó, proporcionalmente, Guzmán
Blanco y robó menos. Es necesario puntualizar, además, que el militarismo es
consustancial al socialismo real, pues ningún hombre libre resigna los derechos
que este error intelectual confisca, sino es por la inmensa fuerza disuasiva
del terrorismo militar. Como estamos viendo.
Antídoto
democrático
La
democracia ha sido secularmente el antídoto contra esta enfermedad del cuerpo
social universal. Recordemos el caso de Hitler para no reducirlo solo a nuestro
país. Pero si la democracia no forma demócratas, como se obvió hacer en
Venezuela durante los 40 años de su ejercicio, la virulencia de la enfermedad
dominará la débil estructura moral del pueblo, que culpa a la democracia de sus
sufrimientos porque no está debidamente formado para situar la culpa en los
gobiernos de la democracia que él mismo elige por sus emociones. Lo que sí
puedo asegurar es que los fines del militarismo culminan a la muerte de su
promotor, como lo demostró España a la muerte de Franco, o Rusia a la del
comunismo, cuya sociedad, como un resorte comprimido, saltó por los aires
destruyendo el mito del “hombre nuevo” creado por la negación de la realidad
del individuo como potencia soberana. Y así, júrelo usted, sucederá en Cuba en
lo que desaparezcan los hermanos Castro y su represivo aparato terrorista.
La
Venezuela republicana es civil y civilista
Fueron
civiles los que conformaron aquellas gestas primigenias del 19 de abril y del 5
de julio. Es incierto que la república cuya Fe de vida es el Acta de la
Independencia, primera de América Latina, fue creada por militares. Fueron
civiles que tuvieron que empuñar las armas por imperativo histórico y asumir la
estructura militar para la guerra. Cuando los revolucionarios del 19 de abril
destituyen a Emparan conforman el primer gobierno, que se constituyó el 25 de
abril de 1810, con 23 miembros, entre los que se contaban en su mayoría
abogados, comerciantes, hacendados. Y civil fue el Congreso de 1811 y los pocos
militares que participaron lo eran por titularidad honorífica, como fue el caso
del marqués del Toro y su hermano. Y la Venezuela de hoy nace en 1830 bajo la
égida civilista de Páez cuya primera Constitución eliminó el fuero a los
militares, estando los libertadores en plena posesión de su inmenso prestigio
militar y el pueblo acostumbrado a obedecer a la violencia de la fuerza. Páez,
además, pidió al Congreso Constituyente que incorporara a la Constitución un
artículo que prohibiera expresamente al Presidente disolver el Congreso.
El
civil gobierno de Páez
Páez
en sus primeros nueve años de gobierno, 1831-1835 y 1839-1843, porque sus dos
años de dictador, 1861-1863, enfrentando la Guerra Federal, fueron traumáticos
y lesionó su historia, se rodeó de las mentes más lúcidas del universo civil y
se destacó por deliberar con la sociedad antes de tomar decisiones de Estado.
Fue
el primer presidente militar en traspasar el poder a un civil, José María
Vargas, que derrotó a Carlos Soublette. Combatió y venció a los militaristas
Santiago Mariño y Pedro Carujo, alzados contra el orden constitucional, y por
la defensa del orden civil de la república se le concedió el título de
“Ciudadano Esclarecido”.
Páez
debe ser exaltado como el primer militar civilista de la Venezuela post
independencia, aunque Bolívar y Sucre también lo fueron, como reconocimiento a
ello, la efigie de Sucre en la entrada de la Unexpo en Puerto Ordaz, obra del
escultor Luís Bellorín, está de civil. Luego de la renuncia de Vargas, el
primer civil presidente de esta Venezuela, terminan interinamente su período
dos militares, José María Carreño, militarista, y Carlos Soublette, de estirpe
civilista, a quien Páez entregara el poder para el período 1843-1847, y que no
dudó en acompañarlo a defender la integridad del Congreso de la República
asaltado por la horda criminal de José Tadeo Monagas el 24 de enero de 1848.
El
ejemplo civilista de José Francisco Bermúdez
El
general en Jefe José Francisco Bermúdez dirigió una correspondencia al Congreso
Nacional, el 30 de abril de 1830, exigiendo su licencia absoluta para retirarse
a la vida privada. En ella como expresión de civilidad, manifiesta:
“...
Durante la revolución he mandado como Jefe, y no se me oculta Sr. que los
ciudadanos a quienes como soldados he conducido muchas veces a la victoria,
pueden estar dispuestos a turbar la paz pública por instigaciones mías si por
desgracia tales llegasen a ser mis ideas, porque según dijo un sabio, nada es
más fácil que el que un pueblo no tenga todo el valor necesario para negar su
cerviz a un yugo presentado por aquel que agregue a la autoridad de su destino
o condecoraciones, la que la admiración y gratitud le granjean. Además Sr.
Venezuela acaba de dar la última prueba de su amor a la libertad. Ella solicita
instituciones verdaderamente republicanas, y yo que me he identificado de
corazón con tan bellos sentimientos, quiero dar a ella y al mundo entero el
testimonio más auténtico de esta verdad, y ninguno más digno ni más poderoso
que el de solicitar como solicito mi entero desprendimiento de la carrera de
las armas que abracé por la absoluta necesidad en que estábamos de lanzar de la
patria a nuestros opresores. Cesó la época del soldado. Llegó la más feliz y la
más gloriosa que podíamos apetecer. Ella es aquella en que no reinan sino las
leyes, cuya regla universal lejos de ser un yugo para los ciudadanos, es una fuerza
que le protege y le pone a cubierto de los tiros de la arbitrariedad, y una
vigilancia que a la vez que afianza su tranquilidad, asegura todas las demás
garantías sociales...”.
Esta
correspondencia fue respondida con admiración por el Congreso, que entre otras
consideraciones le expresa: “...El Congreso (...) no puede menos que acoger y
aplaudir como virtud para Venezuela sus generosos sentimientos. Ella un día
venturoso y feliz recordará con gloria el nombre de un hijo ilustre que si fue
el primero en tomar las armas para dar la vida en los campos de batalla también
fue el primero en dejarlas para no amenazar con su ominoso influjo la libertad
naciente, fruto sin el cual inútil es la independencia, inútiles los
sacrificios, inútiles las victorias, inútiles en fin tantos títulos que en
veinte años han adquirido los guerreros a la gratitud de sus conciudadanos y a
las consideraciones de la patria. Yo pues en nombre del Congreso de Venezuela
felicito a V.E. porque su representación es un síntoma de que se aproxima el
día de la ley, y le doy las más expresivas gracias por sus sentimientos de
respeto hacia este Cuerpo áncora de la libertad de nuestro país. Atento
servidor: Francisco Javier Yanes”. Bermúdez pretendió dar una lección a los
libertadores militaristas que se disputaban el poder en Venezuela, indicándoles
con su renuncia que la hora de los civiles había llegado.
El
militarismo comienza con José Tadeo Monagas
El
militarismo en forma comienza con José Tadeo Monagas, aunque Santiago Mariño y
Pedro Carujo, con su Revolución de las reformas, hayan sido los primeros en
establecer teóricamente la supremacía del prestigio militar sobre las virtudes
civiles, al escribir en El Republicano, en 1834:
“No
son las leyes las que consolidan los gobiernos, sino los hombres de ascendiente
y de prestigio, que haciendo respetar las nuevas formas gubernativas aseguran
la marcha política de la sociedades. En la infancia de los gobiernos todo es
inferior al ascendiente que toman algunos hombres sobre el resto de sus conciudadanos,
y esta es la razón porque en los estados nacientes los prefieren siempre para
los altos destinos políticos. ¿Cómo pretende ‘El Constitucional’ (diario
civilista) hacer asaltar al señor Vargas la silla presidencial de Venezuela?
¿Qué ascendiente tiene este apreciable médico sobre los venezolanos para
sujetarlos al orden, y asegurar a la República su apetecida tranquilidad? ¿Con
qué fuerzas cuenta el doctor Vargas para contener los disturbios atizados por
el ministerio cesante, y que han alterado ya la paz de algunas provincias de la
República?”.
Al
perder las elecciones intentan, con el derrocamiento de Vargas, la imposición
de esa férrea forma de gobierno que conculca las libertades civiles y políticas
en nombre del orden y la disciplina propia de la vida cuartelaria.
José
Tadeo Monagas se levanta en armas con el pretexto de restaurar la Gran
Colombia, pero la realidad era que pretendió crear otra república en el Oriente
del país. Páez sofoca la rebelión, pero para pacificar al caudillo oriental y
contribuir a la paz de la nación, lo promueve como candidato para la
presidencia de la república.
José
Tadeo gana las elecciones con los votos de los paecistas, rompe con Páez y da
comienzo a la larga saga de militaristas que, de revolución en revolución,
exacerbado con el triunfo de la Federación, cubriría con breves interregnos
civiles -la mayoría títeres de algún caudillo- de 1847 a 1945, de 1948 a 1958,
y de 1999 hasta quien sabe cuándo -Maduro posee jerarquía militar- si no se
activa una Asamblea Constituyente que restituya el Estado democrático
desmontado por el bandidaje del Estado consorciado y su democracia técnica.
Es
hora del bronce para los civiles
Los
mitos heroicos han gravitado ya por demasiado tiempo sobre nuestra realidad
histórica, ningún país alcanza a Venezuela en su culto al heroísmo militar, y
los redactores de los textos escolares se han negado a contar los hechos con
precisión documental. No cuentan, por ejemplo, que sin el levantamiento de
Rafael del Riego en Cádiz, el 1 de enero de 1820, que venía a Venezuela con
veinte mil hombres, nuestra historia sería otra. Pero no hay monumentos para
aquel héroe, cuyo sacrificio -fue ahorcado- logró que el exiguo ejército
libertador triunfara en Carabobo un año después. Como hay muy pocos para el
mérito civil, que ha contribuido grandemente al progreso humano de la patria.
Pido un bronce para cada maestro de este país inhóspito para el desarrollo de
la inteligencia.


A pesar de que el negocio de las armas y de la guerra, campo ideal para los militares y el militarismo, sigue siendo uno de los más lucrativos y la base de la economía de muchos países (EEUU por ejemplo, donde un gran porcentaje de los impuestos son reinvertidos en "seguridad nacional"), el militarismo ha pasado a funcionar por debajo de la mesa y sin mucho protagonismo político aparente en casi todo el mundo, a excepción de países africanos y orientales extremistas, y por supuesto, en nuestra compleja Latinoamérica, donde sobresalen los ejemplos de Cuba y Venezuela. No se trata de que un militar sea presidente de la república, de hecho, el presidente de la república es el Comandante en Jefe de las fuerzas armadas nacionales según la CRBV, lo cual claramente subordina a la fuerza militar a las órdenes de la fuerza civil.
ResponderEliminarSe evidencia más evidentemente cuando un presidente de la república cede espacios de poder a actores militares, cargos públicos, empresas públicas, programas sociales, tal y como ha venido siendo en Venezuela durante las últimas dos décadas hasta nuestros días, donde más de la mitad de los gobernadores regionales y un gran porcentaje de alcaldes, ministros y viceministros vienen de las fuerzas armadas. Además el militarismo se evidencia en una sociedad cuando los matices de lo militar sobresalen y opacan lo civil, por ejemplo con el lenguaje de órdenes, subordinación y confrontación, las jerarquías, y la coerción.
Resulta peligroso permitir que el militarismo se extienda e invada todos los ámbitos de una sociedad debido a que la función del sector militar de un país es la seguridad nacional, no el hacer gobierno. Y es que los militares no son capacitados para ejercer funciones de gerencia, planificación y control de políticas públicas en ningún sentido, por tanto sus acciones tienen altas posibilidades de ser poco pertinentes y de fracasar, como vemos en Venezuela, lo que ocurre con cada sector que se les cede a los uniformados para que ejerzan su control: las fronteras, los alimentos, las medicinas; parece que todo lo que tocan lo destruyen. ¿Qué clase de buena gerencia se ejerce a través de la sumisión a la jerarquía, la coerción y la poca capacidad de dialogar con los oponentes? ¿Qué capacidad de diálogo y negociación existe entre un oficial y un sub alterno? Los militares no están entrenados para dialogar, me atrevería a decir que ni siquiera para pensar, solo obedecer.
Ya superado en Brasil, Argentina, Chile, y casi todas las naciones sudamericanas, Venezuela ha recaído, luego de Pérez Jiménez, los civiles han vuelto a ser opacados por las insignias brillantes de los militares. Opacados por las insignias y por sus actitudes prepotentes, carismáticas, irreverentes y corruptas. Ya será hora de que comencemos de nuevo a reconstruir el país a partir de los valores civiles de la libertad, y aunque pasará mucho tiempo para desarraigar el gen militarista de nuestra sociedad, y las malas prácticas que han promovido, el civismo resurgirá y con ello también la democracia y la sana convivencia en nuestra nación.
"Se evidencia más evidentemente..."
EliminarCualquiera se equivoca...
Eliminar"Cualquiera se equivoca blablabla..."
EliminarEn el mundo, los militares siempre han tenido un papel importante y protagónico en cuanto al detentar el poder, poder que ha solido ejercerse de forma violenta y autoritaria en la mayoría de los casos, trasladando el aprendizaje militar al espacio de gobierno con la mano dura y rigidez que el estudio militar tiene como característica fundamental.
ResponderEliminarEs por ello que un gran parte de los gobiernos autoritarios y dictatoriales a nivel mundial, han sido liderados por un estandarte militar; América Latina tiene una amplia historia de dictaduras militares férreas y represivas y, por supuesto, Venezuela forma parte de esa historia. Como país hemos sufrido de ciertos momentos de poderío militar los cuales no ha tenido los mejores resultados.
En la actualidad y desde que toma por primera vez la presidencia el ex presidente Chávez, el sector militar se ha ido saliendo cada vez más de los cuartes y arropando los distintos espacios de la sociedad con el pretexto de estrechar los lazos cívico-militares para una relación armónica entre estos dos y un desarrollo óptimo de la mano de estrategias de planificación militar aplicadas en el ámbito social.
Bajo esta premisa, las reservas militares del país han ido en aumento exacerbado, obteniendo cada vez nuevos militares, mayor poder armamentístico y mucha más presencia de estos militares en distintos sectores de la vida del venezolano. En estos momentos los militares participan en programas sociales, en sectores como el de salud, alimenticio y minero –por nombrar algunos- con el objetivo de mejorar la forma como se llevan a cabo estos y utilizar el pensamiento estratégico militar en estos espacios.
Ahora bien, en teoría esto se supone que debería funcionar, pues fue concebido con propósitos aparentemente beneficiosos; sin embargo, si observamos la realidad concreta dejando de lado los discursos oficiales sobre los grandiosos logros de la intervención militar ¿realmente ha funcionado?
Puedo afirmar que definitivamente no, esto no ha funcionado sino todo lo contrario, los sectores inundados de militares solo han demostrado incompetencia, malos resultados, pésima gestión y corrupción; hemos fortalecido y reproducido un sistema militar lleno de ciudadanos uniformados colmados de privilegios innecesarios y con una educación que exalta la coerción, jerarquización, desigualdades y segregación social por motivos político partidista, donde esto toma más importancia que el tan aclamado bienestar social equitativo e inclusivo.
Por lo tanto, sin ánimos de caer en opiniones extremadamente subjetivas y pasionales, considero que, en Venezuela, necesitamos con urgencia acabar con la injerencia militar en las esferas sociales donde no tienen pertinencia, basta de reproducir y respaldar corrupciones y soportar atropellos de todo tipo de parte de un actor social que debería estar para lo contrario, el salvaguardar y proteger a los ciudadanos no controlarlos, robarlos y seguir contribuyendo a este estado de crisis, miedo y desconfianza hacia todo lo que emane de las instancias oficiales de gobierno.